jueves, 16 de agosto de 2012

Marco teórico



HISTORIA DE LA CRÓNICA

Para hablar de la crónica es necesario conocer el origen de esta palabra. Crónica proviene del término griego kronos que significa tiempo. La crónica surgió a partir de las vivencias de los hombres primitivos, utilizaban un lenguaje determinado; por ejemplo, el oral, gestual o por medio de las imágenes; contaban un hecho en particular, daban a conocer sus creencias y también sus propias historias. En un principio, los relatos no eran organizados, carecían de rigurosidad y del aspecto cronológico. Luego, al adquirir ese orden, el tiempo era más definido.
Desde el principio, la crónica ha sido de gran importancia porque es una fuente de la Historia, ya que, gracias a los escribas, hay evidencias de las civilizaciones pasadas. Un ejemplo a destacar de cronistas son los chinos quienes, por medio de su orden y dedicación, recopilaban los hechos, los organizaban cronológicamente  y eran muy breves en sus apreciaciones personales.
 Por mucho tiempo, la crónica ha sido de relato para los pueblos, un ejemplo de esto son las Crónicas de Indias, estas crónicas tenían los siguientes temas: militar, viajes, cronicones de villa (o cronicón, enuncia todo lo que le sucede a los habitantes de un lugar en un tiempo, es decir: lo que hace parte de la cotidianidad) y los informes funcionariales; se recopilaban las memorias de las personas del aquel entonces. La crónica sirvió en América, (en la Conquista) para archivar memorias o reportes de los funcionarios, los documentos eran ricos en extensión, sencillez en los términos y emoción.
 Al conocer un poco la historia de la crónica, es necesario conocer en sí su definición. Crónica es un estilo de narración que cuenta un hecho real en orden cronológico escrito por un buen observador, que detalle y describa, de manera personal, un acontecimiento.


MARCO TEÓRICO CON BASE EN EL TEXTO
CONSTRUIR LA ESCRITURA
(DANIEL CASSANY)

La escritura, catalogada por W. Ong, como “la más trascendental de todas las invenciones tecnológicas humanas” requiere de pautas a seguir en cuanto a su elaboración, que a primera vista, al menos para los jóvenes, la convierten en una tarea tediosa y difícil de llevar a cabo. A causa d esta concepción se pasa por alto que el acto de escribir es en sí mismo un  acto de reflexión.
En el taller de escritura que llevamos acabo con jóvenes estudiantes, la constante en ellos en que conciben la escritura como un fin y no como un medio de expresión que pude cruzar los muros de la escuela. Sin embargo, ellos no son responsables, ya que el método de instrucción y la forma como la escritura llegó a sus vidas juega un papel determinante en su proceso   de escritura.
Una de las metas de este taller es mostrar a los jóvenes la escritura como una actividad sencilla que no dista mucho de la expresión lingüística que expresan con facilidad, ya que al momento de escribir su primer texto autobiográfico fue posible apreciar la dificultad que presentan al  plasmar en  papel lo que verbalmente expresan  con fluidez.
En primera instancia es importante establecer la concepción básica de la escritura y los parámetros que hacen parte de ella, para esto nos apoyamos en el texto de Daniel Cassany “Construir la escritura” donde se mencionan la intención, la contextualización, el discurso organizado, géneros,  perspectiva crítica y habilidades de composición. Todos estos elementos encaminados a que el joven logre enviar un mensaje asertivo que finalmente exprese lo deseado.
Un diagnostico del primer trabajo escrito muestra falencias en el proceso de escritura de los participantes del taller. Por lo cual es necesario remitirnos al papel que cumple el centro escolar y el  docente frente a este proceso. Aunque todos los participantes pertenecen a distintas instituciones educativas, la concepción  que tienen de la escritura no varía significativamente. Daniel Cassany menciona  algunos aspectos que deterioran y, en el peor de los casos, castran la expresión escrita de los alumnos.  Cabe  aquí mencionar que en la escuela los alumnos dominan la expresión transaccional (escribir información para comunicar) y dejan a un lado la escritura expresiva y poética.
De hecho los docentes contribuyen a esto al concebir la escritura como herramienta de evaluación y no como un proceso de aprendizaje; además de centrar la corrección de un escrito solo en la forma y dejar en un segundo plano el contenido del escrito.
Otra de las dificultades con que nos hemos encontrado es que los jóvenes no logran escribir textos  de mayor extensión de una página. Lo cual indica poco esfuerzo cognitivo  por parte del alumno. En aras de mejorar este aspecto, daremos a los jóvenes unas pautas para los escritos a realizar que requieran que el joven consulte sobre el tema, enriquezca su conocimiento, aumente su léxico y elabore procesos de escritura un poco más complejos., por ejemplo iniciamos con un texto autobiográfico, composición sobre “las vacaciones”, composición “tema libre” y primer acercamiento a la crónica. Como ven cada texto aumenta el  grado de complejidad y exige gradualmente mejorar el proceso de composición.
Con este taller de escritura buscamos que el alumno conciba la escritura no como una acción para recolectar datos sino como un instrumento activo de generación de pensamiento. Aunque la gramática hace parte de la composición no debe ser este el punto de partida  pues tiene mayor relevancia rescatar en el texto elementos y aspectos de contenido, estructura, planificación y estilo.



El ámbito escolar vive inmerso en situaciones problema que buscan ser solucionadas con la ayuda de docentes, alumnos y el resto de la sociedad, planteando alternativas que susciten a obtener una mejor calidad escolar. Una de estas situaciones tiene que ver con la manera como el maestro se comporta frente al proceso de escritura de sus alumnos. La tradición escolar se ha caracterizado por mantener un perfil sólido del comportamiento que debe mantener maestro-alumno dentro del aula. Por ello, desde la infancia, incluso del mismo docente, se han inculcado maneraspara trabajar los procesos de enseñanza, a través de lecciones aprendidas casi de memoria por parte del maestro que la enseña y del alumno que la aprende. Es por ello, que Daniel Cassany plantea en su libro “Reparar la escritura. Didáctica de la corrección de lo escrito”, algunas posibles soluciones o alternativas que se pueden llevar a cabo con el fin de darle un giro a este método que por siglos ha perdurado en la sociedad, implementando nuevos modelos y estilos para que un alumno sea corregido de manera eficaz y correcta y en donde, asimismo, pueda verse un proceso de aprendizaje entre alumno y docente.
De acuerdo a lo planteado por Cassany, el docente siempre ha tenido fobia, temor, rabia e incluso pereza en el momento de la corrección. Siempre ha tenido presente que es él quien se encarga de encontrar lo errores (porque siempre deben haber) en los escritos de sus alumnos, y asimismo, de dar las soluciones correctas a estos a través, quizás, de comentarios o tachones en color rojo, para que así el estudiante pueda ver y corregir sus faltas.(De acuerdo a Porlán y Martín (1991) esta es la manera tradicional de enseñar). Pero, Cassany ve en este estilo de corrección un tedio que solo lleva a que el alumno asuma poca responsabilidad frente al proceso global del trabajo y asimismo a que se desinterese por completo del asunto, dejando todo en manos de su docente que es quien le encarga la tarea que él debe cumplir al pie de la letra: “Escribir deja de ser el instrumento personal y creativo para desarrollar los propios pensamientos y sensaciones, para analizar el mundo desde un punto de vista íntimo e intransferible; escribir se convierte en algo lejano a uno mismo, en una obligación escolar más, pesada y aburrida, en un rollo”.
Por otra parte, el alumno pierde sentido de pertenencia frente a su texto y se olvida completamente de este, dejando a un lado las correcciones de su maestro y excluyendo por completo su proceso global de composición. Trayendo como consecuencia que el alumno no aprende a corregir ni sus escritos ni cualquier otro, y además de ello, no desarrolla la autonomía necesaria para poder defenderse solo, en un futuro inmediato, con la escritura.
Asimismo, el docente no tiene el tiempo suficiente para corregir con calidad todos los escritos que sus alumnos les entregan. “En definitiva, este planteamiento tradicional es el causante de la sobrecarga de trabajo del maestro, de algunas de las frustraciones del alumno y de una imagen errónea de lo que se supone aprender lengua y aprender a escribir”.
Es por ello, que nuestro autor ya mencionado propone ver las cosas desde otro ángulo o perspectiva, aludiendo a un nuevo tipo de corrección más activa, dinámica y cooperativade lacual todos hagan parte como un pasatiempo que se vive con placer. En primer lugar, se debe tener claro que lo que se busca a través de la corrección no es que el alumno copie y se le imponga el estilo de escritura utilizado por el docente, sino que por el contrario, sea él quien se encargue de descubrir su propio estilo de composición. Cada uno debería aprender a su aire y no copiando por obligación las maneras del maestro.
Se debe tener claro que el autor principal en el texto es el alumno, que es él quien conoce qué quiso decir en su texto, el docente no debe usurpar e interponerse en el proceso imponiendo lo que él cree que quiso mostrar su estudiante, el docente no debe presuponer el escrito de su alumno. Daniel Cassany lo ejemplifica mejor a través de un recuadro en el cual muestra los tres tipos de interacciones de maestro-alumno, donde la cooperación mutua es la que más se resalta como significativa para un proceso de corrección:

INTERACCIONES MAESTRO-ALUMNO
Activo-pasivo
Guía-cooperación
Colaboración mutua
maestro
activo
Da instrucciones
Lector del texto
alumno
pasivo
Las realiza
Autor
ejemplo
El maestro corrige las faltas del escrito, dando las soluciones correctas.
El maestro marca los errores y orienta la corrección; el alumno sigue las instrucciones.
Maestros y alumnos dialogan para mejorar y profundizar el escrito.

“El modelo de colaboración mutua es el único que restituye la autoridad de la corrección al auténtico autor, el alumno. Los maestros no sabemos nunca con certeza qué es lo que el alumno quiere decir en su escrito, cómo quiere escribirlo, por qué, etc. En vez de presuponerlo y usurparle la iniciativa al alumno, debemos actuar como lectores respetuosos con el autor, pidiéndole aclaraciones y explicando qué es lo no entendemos”.
Lo anterior hace énfasis en la problemática que se vive en el ámbito escolar respecto a la corrección de escritos por parte del docente y la asimilación que de esta tenga el alumno. Asimismo, hace hincapié en una posible solución dada por Cassany, la cual se muestra a partir de la cooperación mutua entre maestro y alumno. Ahora, es importante resaltar la importancia que tiene la corrección en el auge escolar, iniciando a partir de un esquema planteado por Cassany, en donde se comparan las ideas fundamentales de la corrección tradicional con la nueva concepción ya mencionada:

MODELOS DE CORRECCIÓN
Corrección tradicional
Corrección procesal
1.       Énfasis en el producto. Se corrige a versión final del texto.

1.       Énfasis en el proceso. Se corrigen los borradores previos.

2.       Énfasis en el escrito. Trabaja con los errores de los escritos de los alumnos.

2.       Énfasis en el escritor. Trabaja con los hábitos del alumno.

3.      Énfasis en la forma. Limpia la superficie del texto (ortografía, gramática, tipografía).

3.      Énfasis en el contenido y en la forma. Primero, ayuda a construir el significado del texto y después su expresión lingüística.

4.      El maestro juzga el texto acabado.

4.      El maestro colabora con el alumno a escribir.

5.      El alumno se acomoda al maestro. hace y escribe lo que este quiere.

5.      El maestro se acomoda al alumno. Le ayuda a escribir su texto.

6.      Norma rígida de corrección. La misma norma estándar para todos los alumnos y para todos los escritos.
6.      Norma flexible. Cada alumno tiene un estilo personal de composición y cada texto es diferente.
7.      Corrección como reparación de defectos como consecuencia de desconocer las reglas de gramática.
7.      Corrección como revisión y mejora de textos, proceso integrante de la composición escrita.

De acuerdo a Cassany, evaluar y corregir un escrito no es lo mismo, evaluar es emitir un juicio sobre sus características, desde un determinado punto de vista. Y su objetivo principal es que el alumno comprenda a través de este acto las imperfecciones cometidas y que las reformule, de tal forma que no se repitan en el futuro.La evaluación termina con la consecución del juicio o valoración. Lo que se hace con los datos que proporcione aquella ya es otro tema. La corrección se refiere precisamente a la utilización de estos datos, a la manera como se comunican al alumno, que es el principal interesado. En conclusión, evaluación es un término más general que corrección, pues el primero incluye al segundo. Cualquier corrección implica una evaluación previa. No se puede reformular algo si antes no se ha analizado lo que está mal, lo que es reformulable. Es por ello, que el diccionario de la Real Academia Española (DRAE)define la corrección como: “Alteración o cambio que se hace en las obras escritas o de otro género, para quitarles defectos o errores, o para darles mayor perfección”. 
Corregir es de gran importancia en el ámbito escolar y por ello, vale la pena hacerlo.Se debe hacer, pues puede considerarse como un instrumento eficaz para el aprendizaje si se utiliza con inteligencia. Se puede llevar a cabo como una técnica didáctica más y no como un acto obligatorio y tedioso. Es una actividad que puede llevarse a cabo de múltiples maneras ya sea en grupo, individual, por parejas, con el profesor y el alumno, sin profesor etc. Es una didáctica que puede ser gratificante si se hace de manera eficaz y oportuna con el alumno y con el docente.
Daniel Cassany nos remite en su libro a los objetivos que tiene la corrección, teniendo como eje principal de esta la utilidad didáctica que se le va a dar:
OBJETIVOS DE LA CORRECCIÓN
1.       Informar al alumno sobre su texto
1.1    Darle una impresión global.
1.2    Darle información precisa sobre algún aspecto concreto (ortografía, léxico, gramática, originalidad, etc.)
1.3   Marcarle los errores que ha cometido.
1.3.1 Darle las soluciones correctas a estos errores.
2.       Conseguir que modifique su texto
2.1    Darle instrucciones generales para mejorarlo.
2.2   Darle instrucciones precisas para reformular un punto.
2.3   Darle instrucciones para que corrija las faltas.
3.      Que el alumno mejore su escritura
3.1   Que aprenda de los errores que ha cometido.
3.2   Que aprenda de la valoración general que ha hecho.
3.3  Que el alumno aprenda gramática y ortografía.
4.      Cambiar el comportamiento del alumno al escribir.
4.1   Desarrollar sus estrategias de composición.
4.2  Incrementar conciencia sobre el mismo.
4.3  Aprender técnicas nuevas de redacción.
4.4 Profundizar sobre un tema.
Resolver qué objetivos didácticos tiene la corrección es el primer paso para construir una práctica eficaz. Si se sabe a dónde se quiere llegar es mucho más sencillo decir qué se va a hacer (qué se va a corregir), cómo (procedimiento), cuándo y con qué (técnicas, actividades).
Otro esquema de suma importancia en el libro de Cassany, está señalado por los diversos aspectos que se pueden corregir:

NORMATIVA
·         Ortografía.
·         Morfología y sintaxis.
·         Léxico (barbarismos, precisión…).


COHESIÓN
·         Puntuación (signos, mayúsculas…)
·         Nexos (marcadores textuales, conjunciones…)
·         Anáforas (pronombres, sinónimos, hiperónimos, elisiones…).
·         Otros (verbos, determinantes, oren de los elementos en la frase…).

COHERENCIA
·         Selección de la información (ideas claras y relevantes).
·         Progresión de la información (orden lógico, tema/rema…).
·         Estructura del texto (partes, introducción, conclusión…).
·         Estructura del párrafo (extensión, unidad…).

ADECUACIÓN
·         Selección de la variedad (dialectal o estándar).
·         Selección del registro (formal/informal, objetivo/subjetivo…).
·         Fórmulas y giros estilísticos propios de cada comunicación.


OTROS
·         Disposición del texto en la hoja (cabecera, márgenes…).
·         Tipografía (negreta, cursiva, subrayado…).
·         Estilística (complejidad sintáctica, repetición léxica…).
·         Variación (riqueza del léxico, complejidad sintáctica…).

Asimismo, se pueden señalar los aspectos que no suelen ser corregidos por motivos varios (éticos, son muy difíciles, no son objetivo de aprendizaje):
·         Caligrafía (inteligibilidad, estilo, belleza…).
·         Opinión (ideología, postura a favor o en contra, actitud…).
·         Estilo (gracia personal, elegancia…).
·         Grado de interés (originalidad, sorpresa…).

Finalmente, es importante resaltar la importancia de la buena corrección en los textos dados por los alumnos, pues, a partir de ella, se muestran los diferentes errores o faltas por las cuales atraviesa tanto el alumno como el docente en el aula de clase, y de esta forma buscar la técnica para mejorarla:
“Al alumno le permite saber si sus escritos están bien o mal, qué errores ha cometido y cuáles son las soluciones correctas; incrementa su conciencia sobre el propio proceso de aprendizaje. Al profesor, le da orientaciones para preparar las clases: qué contenidos presentan dificultades, qué actividades son más provechosas, qué alumnos siguen bien el ritmo del curso y cuáles no, etc.”.

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